ARQUITECTURA EUROPEA RENACENTISTA

EL MANIERISMO Y MIGUEL ÁNGEL

Plaza del Capitolio

A la severidad y sereno equilibrio del arte de Bramante, sucede, en la segunda mitad del siglo, un estilo diverso, que sustituye la serenidad por la tensión y la medida por los efectos de sorpresa. Aunque los elementos que se emplean sean los mismos del vocabulario clásico, el arquitecto del “manierismo” (que así se llama este nuevo estilo, originado en el término “maniera”) los emplea arbitrariamente, sin respetar muchas veces su distribución tradicional, atento sobre todo a conseguir efectos de capricho, de articulación dinámica de los muros y espacios, y a subdividir las superficies en campos independientes tratados con absoluta libertad.

A la vez, en este periodo es muy frecuente la publicación de tratados teóricos que recogen y codifican las experiencias anteriores y proporcionan repertorios de plantas, alzados, motivos decorativos, etc., susceptibles de ser usados luego por otros con la más absoluta libertad.

Quizá sea Miguel Ángel Buonarotti (1475- 1564), también pintor y escultor, quien inicie estas formas nuevas, sometiendo los elementos clásicos a una interpretación personal y dramática. En 1546, ya en su vejez, se hace cargo de la Basílica de San PedroBasílica de San Pedro, transformando el proyecto de Bramante, especialmente en la cúpula, de la que suprime el anillo con columnas, dándole un perfil más elevado, y convirtiéndola, al suprimir las torres, en el elemento más expresivo de la construcción. A él se debe la cabecera exterior, con los ábsides recorridos por gigantescas pilastras pareadas que parecen oprimir las hornacinas, y los huecos cubiertos por frontones alternados, triangulares y curvos, que usa también en el tambor de la cúpula.

Antes había realizado otras obras, tales como la escalera de la Biblioteca Biblioteca LaurencianaLaurenciana, de Florencia, de sorprendentes efectos de tensión en un espacio reducido, con pilastras apoyadas sobre ménsulas curvas, y frontones encajados, o la Capilla Medici, también de compleja articulación en los paramentos, donde van sus famosas estatuas funerarias de los Medicis. De sus últimos años son la ordenación de la Plaza del Capitolio, centrada por la estatua de Marco Aurelio, y con las fachadas de los palacios con un orden colosal de pilastras y otro de columnas de otra escala en el cuerpo bajo, y la Puerta Pía, donde con extraordinaria libertad emplea un arco poligonal y remates de obeliscos y bolas.