LAS ARTES INDUSTRIALES                             DEL RENACIMIENTO   


LAS ARTES INDUSTRIALES DEL RENACIMIENTO

El gusto por el lujo, tan característico del siglo XVI, produce un florecimiento de las artes menores que conocen ahora uno se sus siglos de oro en toda Europa. La decoración doméstica exige un amplio ajuar de mobiliario. Las artes de la madera culminan en Italia y en Alemania. En Italia se crea el “cassone” o arcón, con frecuencia de formas que evocan el sarcófago pagano, y decorado ricamente con pinturas o relieves. En muchas ocasiones se decoran muebles con la técnica de la “intarsia”o embutidos de madera de distintas tonalidades, buscando efectos de fingidas perspectivas e incluso paisajes. Los armarios de sacristía y los respaldos de la sillas de coro son siempre decorados así. En Alemania este arte llega a extremos de admirable virtuosismo a fines del siglo y desde Augsburgo se exportan a toda Europa mubles y piezas para zócalos y puertas, decoradas con este sistema.

La tapicería completa la decoración de los muros. Si bien siguen en uso, como es lógico, las tapicerías góticas, en Flandes se preparan nuevos cartones de modelos renacentistas. En Bruselas se tejieron las composiciones de los Hechos de los Apóstoles de Rafael, y pintores de gran importancia comoVan Orley, suministran modelos a los tejedores. Series deslumbrantes de tapicerías flamencas renacentistas se conservan en Madrid (Palacio Real) y en Viena.

Cerámica y vidrio.

También la cerámica renacentista tiene importancia singular. En Italia se experimenta continuamente con los barnices vidriados y se obtienes desde el siglo XV tonalidades nuevas de gran riqueza, con matices distintos en cada manufactura. El deseo de competir con la cerámica morisca española de reflejos metálicos, les hizo conseguir efectos muy bellos de carácter análogo. Así, la cerámica de Derutta, decorada “alla madreperla”, consigue tornasoles entre azul y dorados muy nuevos. En Gubbio se consigue un reflejo rojo intenso, y en Venecia un azul que evoca el de las porcelanas orientales.

A mediados del siglo XVI, en Urbino, se crearon talleres que decoran vasijas y platos con composiciones pintadas con colores vivos sobre fondo blanco, copiando frecuentemente grabados del circulo de Rafael.

La cerámica alemana, más ruda, prefiere tonalidades azules y plomizas, y en Francia, un ceramista genial, Bernard Palissy, crea unas formas originales y caprichosas, decorando platos y fuentes en relieve, con animales (peces, serpientes, crustáceos) o frutas vidriadas de colores que parecen naturales.

El vidrio alcanza en Venecia (Murano) un desarrollo extraordinario. Se consiguen tonalidades muy variadas con rojos vinosos oscuros, azul brillante, el blanco lechoso, llegando al incoloro transparente, decorado a veces con hilos de oro, o con filamentos de vidrio de varios colores que consiguen riquísimos efectos decorativos. En Alemania se usa mucho el verde intenso y una vez conseguido el vidrio incoloro, se decoró muchas veces con escudos heráldicos en esmaltes coloreados. La vidriería religiosa continúa y se siguen fabricando grandes paneles para las iglesias, en Flandes especialmente. Paulatinamente, el tono general se va haciendo más claro; ya no interesan los efectos de densas masas de color del gótico, sino que se buscan efectos de grisalla, utilizando amplias superficies incoloras sobre las cuales se dibujan las escenas, con colores claros.