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Las historias que vienen a continuación han sido vividas por el autor (es decir yo) y son totalmente verídicas. En lo sucesivo se añadirán nuevas historias según vayan ocurriendo, aliñadas con imágenes de lo sucedido.

UNA CURA DE HUMILDAD, es la historia de la ascensión en invierno a Peñalara aquel fatídico día en el que murieron varias personas que visitaban la sierra madrileña.

HUÉSPEDES DE STUART LITTLE, es la historia de un intento al Peñotillo en la Maliciosa en la que pasamos una terrible noche en un estrecho y bajo vivac. Toda una experiencia.

EXPEDICIÓN SINDONE (NORTE DEL MONTE PERDIDO) es la historia de la lucha por sobrevivir en una tormenta de frío y nieve en la que la guadaña nos cortó los pelillo de la nuca. RECORRIDO, FOTOS Y MÁS SOBRE ESTA HISTORIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1ª Historia

UNA CURA DE HUMILDAD 

Hora de levantarse

6:35 de la mñn del sábado 17 de enero de 2004. La segunda alarma me advierte insistente, que si no me levanto ahora, llegaré tarde de nuevo. Le hago caso.

 

7:25. Salgo a la calle y me encuentro con que mi padre, al no encontrar sitio, ha dejado el R21 detrás del Ford.

No puedo salir.

Subo corriendo farfullando, cojo las llaves del R21 y bajo de nuevo. Muevo el 21, saco el Ford y vuelvo acoger el 21 para aparcarlo donde estaba el Ford.

Subo de nuevo corriendo a dejar las llaves, bajo de nuevo y me meto en el Ford. Cuando voy a meter las llaves en le arranque me doy cuenta de que me equivocado y he dejado arriba las del Ford.

Vuelvo a subir corriendo a casa de nuevo a cambiar las llaves, mientras en mi cabeza, y sin poder evitarlo, me viene una frase que machaca incesante...lo que mal empieza, mal acaba, lo que mal empieza mal acaba...

 

7:48. Por fin salgo de Alcorcón.

 Que buena decisión, JJ

8:50. Llego al aparcamiento de Cotos y a los pocos segundos el móvil empieza a vibrar en el bolsillo del pantalón. Es JJ.

A los pocos minutos, estamos ya los tres intentando decidir que hacer. Hay niebla por todos lados y una fina lluvia moja los cristales.

Gente a nuestro alrededor se cambia entre quejidos, mientras tomamos nuestra decisión.

Al final, JJ decide irse al roco de Espacio Acción y CésarO y yo nos preparamos para la que sería nuestra primera AVENTURA del año.

 El camino helado

9:39. Salimos de Cotos dudando de si nos pondríamos los crampones o no, pero a la media hora aproximadamente vemos como los árboles y arbustos comienzan a tener una cresta helada y transparente en su hojas.

Ninguno de los dos se había encontrado en tal tesitura. El sulo presentaba placas de hielo sin nieve y nuestros bastones conseguían salvarnos de los torpes movimientos, mientras el viento escarchado nos golpeaba incesantes, animándonos a caer.

Según subimos la niebla se cierra más y la temperatura baja a gran velocidad. Calculamos que andaremos entre los 5 y los 7 bajo cero.

A cabo de una hora de ascensión nuestros resbalones en la helada y durísima nieve nos hace parar para acoplarnos los que dudábamos nos podríamos. Los crampones.

 

Mientras nos concentramos en la engorrosa tarea de calzárnoslos, aparecen 4 chavales desorientados por la niebla que subían desde la laguna y nos preguntar por las paredes de la meseta. Seguros de donde nos encontramos les indicamos que están unos 50 metros más arriba pero que por la niebla no se veían aun.

Más adelante nos los encontramos poniéndose los crampones, bastante separados uno del otro¿?

Después de  20 minutos, aproximadamente, encontramos el pie de vía donde el finde pasado estuvimos subiendo.

A pocos metros se encontraba la que, en teoría, era nuestro objetivo, pero la niebla y la bajada de la nieve hace dudar a CésarO y decidimos seguir hacia el Este, para confirmar que efectivamente era ese el lugar.

Anduvimos un Km ó Km y medio encontrando casadas de hielo con grosores más que aceptables para un ataque. ¡Lástima de cámara!

Nos damos la vuelta siguiendo los agujeros que iban dejando nuestros pinchos, mientras CésarO, declara con dudas que no le gusta la idea de subir con este tiempo. Yo aludiendo a mis 3 visitas en solitario al lugar y dos de ellas con niebla y en peores condiciones le animo a intentarlo.

 La vía nº 9

Estamos a pie de vía y CésarO se anima a darle un tiento.

Una verticalidad entre 60º y 70º nos ofrecen unos 20 metros de corredor muy divertido donde pude comprobar lo bien que funcionan mis nuevos Piolos Stubai...

A mitad de vía comprobamos que alguien parece seguir nuestros pasos más abajo, pero enseguida les perdemos de vista.

 

30 minutos mas tarde nos encontramos en una pequeña meseta donde tomaríamos la decisión que nos llevaría a terrible error.

 Primer error

Después de unos minutos decidiendo que dirección  tomar; si a la cima todo recto y luego al Sureste o al Oeste, desde ese mismo lugar, buscando la parte final del corredor del sábado pasado.

Decidimos esta última. Craso error, ya que en realidad, ese último tramo había quedado más abajo y lo pasamos sin verlo por la densa niebla que todo lo tapaba a 7 metros de distancia.

 La desorientación

Después de media hora de andar, me doy cuenta de que esto no puede ser otra cosa que la plana cima, el lugar donde siempre se advierte de sus problemas para orientarse cuando hay niebla cerrada, como era el caso.

Mi preocupación va en aumento cuando llevamos un buen rato andando y no vemos más que nieve plana y nada para saber si estamos girando o yendo en línea recta.

 

-Te voy a ser sincero-Me dice CésarO- estoy empezándome a preocupar.

Yo también lo pienso así pero, intento que no cunda el pánico y le digo que se tranquilice que, por un sitio u otro teníamos que salir a algún lado. Sólo era cuestión de tiempo.

 

Después de caminar y caminar, nos damos cuenta que las espigas que forman el hielo en el suelo nos está haciendo girar sin darnos cuenta, ya que al fin y al cabo es la única referencia y sin querer nos guían a la desorientación completa.

 

Ahora la temperatura era muchísimo más baja, rondando, casi seguro, los 10º bajo cero (hoy sé por la tele, que se alcanzó la, nada despreciable, temperatura de 15º bajo cero) y nos estábamos congelando, literalmente. La costra blanca que ya nos cubría los dos, se estaba haciendo cada vez más consistente y nos costaba hablar por tener parte de la car al descubierto.

Había que salir de allí como fuera.

 

No sabemos donde estamos, así que sin más espera saco la Brújula, que siempre llevo en el botiquín, aunque sin ninguna referencia... poco útil podía ser. Buscamos el Este para bajar al lado del corredor y posteriormente a la laguna, pero pasados unos cien metros la inclinación nos lleva hacia el Sureste, y hacia allí nos dirigimos convencidos (o autoconvenciéndonos) de que ya quedaba poco para el final del error.

 El encuentro

Dándonos palmaditas en la espalda a modo de bromas, avanzamos rápidamente.

Al cabo de un buen rato la inclinación se hace mucho más pronunciada y la niebla se hace menos densa.

Unos metros más abajo, nos alegramos al oír un río.

 

Según bajamos alegremente, oímos gente y posteriormente, vemos dos figuras paradas a unos 15 metros de distancia a la izquierda. Nos acercamos a ellos y comprobamos que es una pareja que anda también perdida, desde hace más horas que nosotros.

 Segundo error

Nuestra primera idea al oír el río, fue la de seguir su curso abajo, pero la parte masculina de la pareja parecía saber lo que se hacía y decidimos hacerle caso, alejarnos del río y cruzarlo, tomando dirección Oeste. Craso error, ya que más tarde descubriremos que si hubiésemos seguido dirección Este, es decir el curso del río, habríamos llegado a las faldas Sur de Dos Hermanas, ya que en realidad, nos encontrábamos en el Noroeste de esa montaña, por lo tanto nos alejamos de nuestro destino.

 Boca del Asno, una agradable visión

Horas más tarde, cuando dan las 14:30, nos encontramos en la falda de Boca del Asno, en su cara Norte, (en ese momento no lo sabíamos) y el aire nos regala la visión de unas casas iluminadas por el sol, durante unos 7 segundos, que nos dan ciertas esperanzas.

 

Decidimos subir, CésarO y yo, a lo alto de Boca del Asno, para ver si podemos distinguir algo que nos dé una referencia de donde cojo.... estábamos, mientras, la pareja, descansa un poco, ya que llevaban más horas perdidos y por lo tanto se encontraban más cansados.

 

Por fin la niebla nos da una tregua y vemos Segovia a lo lejos.

 

Más tarde, nos damos cuenta de que a la derecha, y más cerca, se encuentra el pueblo de la  Granja y a su izquierda Valsarín, un pueblo que vive de la serrería.

 Una buena decisión

Ese era nuestro objetivo, pero se interponían unos 8 Km de bosque tupido de pinos altos que, no nos dejarían ver ninguna referencia para orientarnos y a tan sólo 3 horas de luz.

 

Antes de empezar, les aviso de lo peligroso que puede ser adentrarnos en ese bosque, ya que, si se hacía de noche, sin encontrar Valsaín, tendríamos que vivaquear, y la pareja no iba muy bien equipada para pasar una noche a la intemperie.

 

Valoramos la situación y nos damos cuenta de que es la única opción, si no queremos que se nos haga de noche, en la fría y poco acogedora montaña.

 

Salimos “escopetaos”, sufriendo algún que otro resbalón, por el manto de hojas y húmedo musgo que cubre todo el suelo del bosque.

Después de una hora de ir campo a través, divisamos, lo que parece, un camino y nuestras mentes comienzan a relajarse, viendo más cerca el fin.

 Una y no más...

Un par de Km más abajo encontramos una “carretera”, en bastante mal estado.

Ahora veíamos más claro, que sí llegaríamos antes de que anocheciera, a algún lugar habitado.

El problema era que no sabíamos que dirección tomar.

El joven componente de la pareja declara que, su instinto le dice a la izquierda. Yo, brújula en mano, veo que el norte indica hacia la derecha.

No estaba dispuesto, a dejar de nuevo en sus manos, la decisión de la dirección a tomar.

Así pues, decidimos separarnos, e ir hasta la próxima curva de cada dirección.

Yo, voy con la parte femenina del la pareja, hacia la derecha y CésarO y el joven chavál  hacia la izquierda. A los pocos minutos estamos andando hacia la derecha como había propuesto yo.

 

 

 

¡Salvados!

4 Km más tarde, encontramos al primer personajillo que nos indica que, ésta carretera nos lleva, efectivamente, a Valsaín.

 

18:30 de la tarde. Reunimos todo el dinero que tenemos para pagar un taxi, que  avisamos de Segovia.

El taxista, por le teléfono, nos hace la oferta de 35 Euros. La fémina del grupo se camela al taxista y conseguimos la oferta de 32 y pico.

La pareja, lleva 20 Euros y entre CésarO y yo, 12 y algo.

Solucionado.

 

En el trayecto, el taxista, nos confiesa que, de vez en cuando, le salen “servicios” desde Valsaín a Cotos y que eso le extrañaba bastante, pero que seguramente, serían servicios para gente que se ha perdido y tenían que recoger el coche.

 

A eso de las 19:25, estamos en el aparcamiento, contentos (y muy cansados) por estar a salvo de las garras de Peñalara y con una lección bien aprendida, sobre lo peligroso de ciertas situaciones en lugares tan cercanos como lo es nuestra sierra Madrileña.

 El destino

De vuelta a casa, en el coche, mientras escucho una cinta de Brian Setzer, hago un pequeño repaso de lo vivido estas últimas 12 horas y pienso, que el destino, había previsto que nos perdiéramos en Peñalara, para que esa pareja (que nos ayudó en el lo económico, todo hay que decirlo), les ayudásemos a no acabar como esos 4 jóvenes, de los cuales 2 han muerto, y otros 2 han terminado con graves fracturas.

Por lo visto 2, cayeron  por una pendiente helada y pidieron ayuda a los otros 2, que al intentar rescatarlos cayeron también, pero con peores consecuencias. Murieron en este mismo día en el que nosotros, y por que así lo decidió el destino, sobrevivimos.

2ª Historia

HUÉSPEDES DE STUART LITTLE

 

Llego al aparcamiento del Hotel La Barranca y en seguida veo el coche de JJ, ya que es el único que hay en él.

Me bajo y pido disculpas por la tardanza debida a, las retenciones y mi confusión, al pensar que, la entrada donde habíamos quedado era otra.

Son las 18:35 y salimos convencidos ya, de que se nos haría de noche antes de llegar al desconocido lugar donde se encuentra el vivac cubierto, para 2 ó 3 personas, según la guía de Guadarrama.

El camino es casi llano y sin a penas desnivel. No hay viento y la temperatura es agradable.

A eso de las 20h horas, descubrimos a nuestras espaldas, un negruzco grupo de nubes, que se acerca hacia nosotros velozmente.

 

La noche ya está aquí y nuestro objetivo cambia. Ahora se trata de llegar a un lugar refugiado del viento, para evitar estar expuestos a la tormenta de nieve o lluvia que se avecinaba.

 

Unos minutos después, JJ, avisa de la llegada inminente de nieve. A mi, a primera vista me parece niebla, pero pocos segundos después descubro que es nieve, acompañada de un viento helado.

La temperatura baja de manera desbordante y JJ avanza rápido, al grupo de rocas que tenemos a unos 70 metros. Yo, paré antes, a ponerme la chaqueta, ya que voy tan sólo con una camiseta de manga corta y un forrito fino. Aun así, también avanzo hasta el grupo rocoso para abrigarme más.

Según voy llegando, veo como JJ lucha con el viento para ponerse la chaqueta, mientras estornuda varias veces. Esta claro que para ese resfriado que arrastra, este cambio climático no es lo mejor.

 

Cuando llego a donde JJ está, él se dispone a avanzar un poco más, dejando la mochila allí.

Mientras veo como asciende decidido por el grupo de rocas, busco en la oscuridad la frontal.

Me la pongo, pero al girarla no funciona. ¡Mierda, está desenchufada!

Me quito los guantes y la enchufo después de bastantes fallos.

Salgo por donde JJ fue, pero no veo señales de su frontal, decido esperar para evitar no encontrarnos.

Vuelvo a donde las mochilas.

Me estoy quedando frio.

Decido ponerme las polainas. Seguramente me abrigarán algo más.

Mientras lucho con las correas y cremalleras de estas y el viento me bombardea la cara y los ojos con grandes copos de nieve, por mi cabeza aparece la imagen de JJ resbalando en las oscuridad, gritando para que vaya a buscarle, pero que el fuerte viento ahoga el sonido de su voz.

De repente una luz blanca aparece por encima del grupo rocoso. Es JJ.

Mientras discutimos que hacer, me voy poniendo la mascara de neopreno, la cual me da un reconfortante calor en la cara, pero limita un poco mi respiración. Se que poco a poco iré acostumbrándome.

A los pocos minutos decidimos salir en dirección al Peñotillo.

Por suerte, hay casi luna llena y a trabes de las nubes, regala un poco de claridad, haciendo que tengamos a la vista, la cara sur.

Mientras avanzamos por profunda y blanda nieve, llegando incluso en algunos casos a la cintura, JJ maldice y asegura que no encontraremos el vivac. Yo, más esperanzado, le aseguro que si seguimos el borde de la pared lo encontraremos, ya que según algunas imágenes de Guía de Guadarrama, el vivac, se encuentra en la misma base de la pared sur en un saliente muy pronunciado.

 

Es evidente que nuestras posibilidades de encontrar ese vivac son muy pocas, contando con que nunca hemos estado allí, que es de noche, que estamos en medio de una tormenta de nieve sin gafas de ventisca y que a demás no vemos ninguna señal que indique que estamos en el camino correcto.

Seguimos caminando y nuestros pensamientos se centran el la terrible noche que nos esperaba, si no encontrábamos el maldito vivac, ya que nos tocaría dormir al raso con este frío y esa  tormenta que parecía no querer parar.

 

Paramos a comer algo para recupera fuerzas.

Noto como si mis piernas se endurecieran cuando me quedo parado.

Tengo que beber más.

JJ vuelve a insistir en que deberíamos buscar refugio en algunas rocas, antes de que fuera más de noche.

Me acerco a él, para convencerle de seguir hasta la base de la pared. A regañadientes y poco convencido de que fuera lo mejor, accede a mi sugerencia.

Me doy la vuelta y ando unos 20 metros cuando de repente, mi frontal ilumina una pequeño grupo de rocas amontonadas sobre otra más grande.

¡Hey Javi, un Hito!¡Un Hito!

Todos los malos rollos tornan en esperanza y hasta deja de nevar por unos instantes como regalándonos un respiro.

A los pocos metros vemos otro hito y luego otro, hasta que llegamos a la pared, después de superar algunos trepadas sobre roca entre helada y húmeda.

Seguimos caminando esta vez por terreno más llano.

Paramos de nuevo.

Los músculos de mis piernas parecen querer montarse unos encima de otros, como apelotonándose, me agacho para estirarlos y vuelvo a beber aconsejado por JJ.

Otra vez la duda amenaza nuestras esperanzas, haciéndonos pensar si estaremos en buen camino.

¿Quién nos dice que estos hitos llevan o pasan por el vivac?

Me levanto con cuidado para evitar un tirón muscular, me giro de nuevo para continuar el camino, cuando como si por arte de birlibirloque, aparece ante nosotros una pila de pequeñas piedras amontonadas, una encima de otra creando una pared.

¡El vivac, lo hemos encontrado!¡Vaya potra!

Nos quitamos las mochilas y JJ saca su casco para apartar la nieve de la entrada y poder pasar.

¿2 ó 3 personas? ¡Serán enanos!

Es estrecho, extremadamente bajo, con goteras y el suelo está esquinado, pero es mejor que estar a la intemperie.

Sacamos las colchonetas y las ponemos antes de entrar. JJ entra primero, luego le paso las mochilas y posteriormente entro yo.

Para poder entrar hay que ir reptando, con lo que cualquier movimiento es extremadamente incomodo.

Yo me pongo al lado de la pared del Peñotillo y JJ al otro lado.

Nos quedamos tumbados, en silencio, descansando del esfuerzo.

El viento azota la entrada y notamos como la temperatura baja rápidamente.

Son las 22h.

Nos colocamos como podemos para calentar el arroz que he traído, mientras bebemos un poco del Aquarius de medio litro.

De repente, un sonido de correteo rápido, en el lado de JJ, hace que miremos y descubramos a un simpático roedor de campo.

Parece que esta es su casa.

Probablemente, el olor de la comida, le ha hecho despertar de su letargo invernal.

En realidad este es su hogar y nosotros somos sus huéspedes, por lo tanto, ¿que menos que ofrecerle lago de comida?

De primero atún y de segundo una sabrosa manzana.

Después de cenar los tres, empezamos con la operación “prepararse para dormir”.

Decidimos, que primero me prepare yo para sacar saco y demás, para luego hacerlo JJ. Los dos a la vez es imposible por el reducido espacio.

Después de sacar todo, recuerdo que traje un plástico, para poner debajo de la colchoneta en caso de que nos tocase dormir al raso. Lo saco y se lo ofrezco a JJ.

 

(Quizá, el destino fue quien realmente decidiera, que se lo pusiera él, debajo de su colchoneta, si no hubiese sido así, la cosa abría sido bastante chunga. Luego veréis porqué.)

 

Después de una lucha titánica quitándome la ropa, por fin estoy dentro del saco, con los pies completamente helados. A los pocos minutos JJ también está en su saco.

Una corta charla hace que, poco a poco caigamos rendidos.

 

La noche pasa entre extraños sueños, despertándome continuamente y volviendo a caer, sin quedarme dormido del todo. Lo que se llama un duerme vela.

En una de esas veces, oigo que Stuart anda fisgando en mi casco.

¿Qué buscará allí? ¿Metí la comida dentro de la mochila?..Si.

 

De repente, a eso de las 6 de la mañana, una alarma suena, rompiendo el extraño silencio.

Es el móvil de JJ.

La alarma suena hasta que se apaga sola.

Me doy media vuelta.

Me duermo.

Un movimiento de JJ hace que vuelva abrir los ojos. Me quedo en silencio, escuchando y mirando al húmedo y cercano techo del vivac.

Después de un indeterminado tiempo decido hablar.

¿Qué hora es? –Pregunto.

Las 7:45-Contesta JJ.

A los pocos minutos de estar hablando sobre la incomoda noche, me doy cuenta de que tengo unas ganas terribles de mear.

Para salir a fuera hay que vestirse por completo, ya que hay que reptar por la nieve, hasta la salida y me pondría a caldo, sólo con las mallas y los calcetines.

Oye, Javi-Le llamo.

¿Qué?- Me contesta.

Pásame la lata vacía de la comida que voy a mear- Confieso.

JJ ríe mientras me la pasa y advierte, de la peligrosidad de que se llene antes de que termine. En seguida veo que tiene razón y desisto en mi intento.

Salgo del saco y me visto, notando el frío que hace. Cero grados dentro del vivac, según el termómetro de JJ.

A fuera nieva con fuerza.

Vuelvo a entrar y JJ sale para hacer lo mismo.

Como veo que no tenemos agua le paso el cacharro metálico del desayuno, para que coja nieve y podamos tomar un cafelito caliente.

El hornillo en a penas unos 5-7 minutos, ha conseguido que el hielo hierva.

Mientras desayunamos decidimos dar por terminada la salida.

Decidimos como recoger.

Como no podemos hacerlo a la vez, comienzo a recoger cosas para sacarlas fuera y hacer la mochila con más comodidad.

Nada más quitar la mochila, veo con horror que esta chorreando. Al principio creo que se tarta, de nuevo, del Cámel Back, que se ha roto, pero enseguida descubro que un río pasa por debajo de nuestras colchonetas, y hace charco donde JJ había pasado la noche.

Gracias al plástico, que por suerte se quedó él, nos habíamos librado de tener que salir a media noche a buscar un lugar donde dormir en plena tormenta.

 

Este “porsiaca” nos había salvado de una terrible experiencia.

 

Ahora teníamos todo mojado. Material, ropa, colchonetas, etc.

Sacamos todo fuera y comenzamos a recoger.

Lo que antes era nieve ahora es lluvia, pero ya nos da lo mismo, lo único que pensamos es en llegar al coche cuanto antes.

 

Por último recojo la esterilla y veo que me faltan las gomas que lo sujetan. Recuerdo que JJ fue quien la estiró en el vivac. Me comenta que las dejó dentro de mi casco...

¡Eso es lo que se llevó Stuart, cuando husmeaba anoche en los cascos! ¡Se llevó las gomas como subvenir!

Bueno, es un bajo precio por dejarnos pasar la noche en su casa.

Me pregunto, para que las querrá.

 

Ya abajo, en el coche, mientras me pongo la agradable ropa seca voy recordando detalles de lo vivido y me doy cuenta de que, a pesar de haberlo pasado mal, tengo una sensación de haber disfrutado.Deseosos de volver a salir, antes de despedirnos, ya nos planteamos que hacer el próximo finde.

3ª Historia
  Expedición Sindone (Norte del Perdido) 

En primer lugar quiero disculparme por los errores que podáis ver en lo escrito, pero aun no me he recupwerado de los principios de congelación de varios de mis dedos.

 

Miércoles, Camping Pineta.

Dentro ya de la cama, con las mochilas llenas de lo estrictamente necesario para pasar dos días en alta montaña, apagamos la luz a eso de la 1:45 de la mañana.

 

Pocos minutos después, el móvil de JJ vibra sobre la mesilla, haciendo que saltemos de las camas del susto. Es un  mensaje de CésarO, dándonos la mala noticia de que el coche se les había petado y no iban ha llegar para poder subir con nosotros.

 

“Estamos gafados”

 

Después de dudar durante algún tiempo, si seguir adelante con lo previsto, decidimos continuar con lo planeado y así se lo hacemos saber a CésarO, Suja y Eva.

 

Nos levantamos a las 6:00 de la mañana.

Sólo hemos dormido 4 horas, pero nuestra intención es dormir en el refugio de Tucarroya, así que eso no nos preocupa mucho.

 

A eso de las 8:00 estamos comenzando, la que sería la peor experiencia de nuestras vidas...hasta el momento.

 

El cielo está claro y tan sólo unas pocas nubes dispersas y de poca consistencia tapan de vez en cuando el sol.

Comenzamos subiendo por el lado derecho del Circo de Pineta, siguiendo unas marcadas huellas que parecen saber por donde van.

A eso de las 11:00 decidimos parar para echarnos crema en la cara ya, que el sol empieza ha hacer daño en nuestra blanca piel.

Al poco tiempo descubrimos que no la hemos subido, una confusión en lo decidido había hecho que ninguno de los dos, la metiéramos en la mochila. Craso error.

Después de unas cuatro horas de camino por empinadas palas de nieve, las huellas se acaban, dejándonos completamente desconcertados.

 

Miramos el mapa y decidimos seguir subiendo por terreno muy inestable.

 

“Nos la estamos jugando”

 

A eso de la 13:00 vemos delante de nosotros el único camino a seguir, unas palas de nieve pidiendo agritos derrumbarse en forma de alud.

 

“Teníamos que haber hecho caso al borde del refugio”

 

Decidimos buscar otro sitio para subir con menos exposición.

A la izquierda del Circo, vemos dos corredores, uno menos empinado y más cercano y otro con una aspecto más agresivo, con una estrecha salida. Pero desde la posición en la que estamos, no vemos donde desembocan y quizá no tengan una salida fácil. En cualquier caso hay que cruzar, en travesía, unos 400 metros de peligrosas palas que amenazan de alud.

 

“Ninguna montaña merece este esfuerzo”

 

JJ va delante de mí, a unos 10 metros, avanzando penosamente mientras maldice continuamente por el estado de la nieve.

En la mayoría de los tramos la nieve nos llega a la cintura y dar un paso se vuelve un esfuerzo sobrehumano, aun así, no podemos pararnos hasta por lo menos haber pasado este tramo de 400 metros en el que el peligro se acrecienta con el tiempo de exposición.

 

Decido adelantar a JJ para relevarle en la ardua tarea.

 

A los pocos pasos noto un extraño frescor por el interior de los pantalones. Sudor? No. El Patiplus se ha abierto y el poco contenido del liquido elemento se ha salido.

 

Ahora soy yo el que maldigo.

 

“Menos mal que metí el saco en una bolsa de plástico”

 

A eso de las 14:00, vemos una cascada de agua a unos 50 metros por encima de nosotros.

 

Paramos junto a los restos de un alud, nos quitamos las mochilas y sacamos todo su contenido para poder coger los Camel y llenarnos.

 

“Los 50 metros parecen 100”

 

Recuerdo entonces un consejo de Máximo Murcia “...el agua que se coge tan alta no tiene suficiente mineralización, por el poco recorrido que hace y no nos hidratará...”, pero menos es nada.

 

Estamos a tan sólo 100 metros de los dos corredores y ya, por fin, descubrimos que el de más a la izquierda, es decir el más empinado y peligroso, sí tiene salida, el otro lo cierra un muro de piedra.

Paramos allí y nos proponemos que, si a las 17:00 no lo vemos claro, nos bajamos.

 

Esos 100 metros también están muy expuestos y la rapidez de nuestro avance es nuestra alidada. Otra vez hemos pasado por un tramo peligroso sin consecuencias.

 

Con los crampones puestos y un piolo en cada mano atacamos el corredor, deseando, que el final de éste, fuese el Balcón de Pineta.

 

JJ avanza delante de mi, si darme opción a un relevo. Me impresiona su ímpetu.

Yo avanzo más lentamente, afianzando los pasos y los piolos.

 

“Estamos teniendo mucha suerte”

 

Estoy concentrado en el rítmico movimiento, cuando oigo un grito de JJ. Me paro y miro hacia arriba. Dos trozos de hielo del tamaño de una sandía grande, bajan rebotando y cambiando de dirección a toda velocidad.

Estoy justo en su camino.

Me quedo quieto e intento estudiar la dirección que tomarán, es imposible. Me van a golpear y me harán mucho daño.

Cuando están a unos 5 metros se separan y pasa cada uno por un lado a pocos centímetros de mi.

 

“Esto es demasiado peligroso”

 

Ahora voy más rápido. Quiero salir de esta trampa cuanto antes.

 

A eso de las 15:30, el tiempo cambia radicalmente en cuestión de minutos, el cielo cierra su puertas y comienza una terrible tormenta de nieve, con una fuerte ventisca, que nos zarandea por la estrecha canal, como si no quisiera que subiéramos por allí.

Quizá nos advertía? Quizá no nos deja subir?

 

La caída de nieve es tal, que los 70 ú 80 metros que nos separan, es tiempo suficiente para tapar, por completo, las reciente huellas que JJ hace tan afanosamente.

 

Después de una hora, aproximadamente, llegamos a la parte más estrecha del corredor, en el que dos enormes paredes se vuelven desplomadas y nos tiran aludes de fina nieve, consiguiendo que nuestra visión sea nula durante algunos segundos.

 

Veo como JJ no puede avanzar. El cansancio y la gran cantidad de nieve blanda que hay le impide subir. Sólo quedan 30 metros para salir pero es imposible, la nieve le llega al pecho y no hay manera de progresar.

Me acerco hasta donde está y le pido que me deje intentarlo a mi.

 

Quito nieve como puedo, buscando la que está más abajo y más firme y clavo el piolet izquierdo lo más arriba que puedo. Tiro de él y me arrastro hasta subir el pie derecho. Me incorporo y... la nieve se derrumba bajo mi peso.

Vuelvo ha hacer la misma operación. Esta vez lo consigo.

Me arrastro para aumentar la superficie y voy clavando el mango del piolo para avanzar.

 

“Por favor, que sea el Balcón, que sea el Balcón, que sea el Balcón”

 

Por fin llego al final, pero la decepción de lo que veo me hace desmoralizarme, sobre todo cuando tengo que responder a JJ al preguntarme que se ve.

 

“Más montaña, hay que subir más”

 

Hay que bajar un cortado de unos 15 metros.

JJ los baja mientras yo me cambio de guantes, estos se me están congelando y mis dedos se quejan con la insensibilidad.

 

Aquí el viento es mucho más fuerte y el frío es mayor.

Primero vamos hacia la izquierda para ver lo que hay. Se trata de otro empinado corredor. Así que vamos hacia arriba, a la derecha y comenzamos a andar contra el viento. A los pocos metros noto como mi boca y nariz se empiezan a endurecer y me cuesta mucho mover los labios. Grito, balbuceando, a JJ para que sepa que voy a pararme para ponerme la máscara de neopreno. Él me advierte que va a seguir un poco más adelante el frío le está comiendo el calor.

Tardo muchísimo en ponerme la máscara y el viento se adueña de mi cuerpo, la tiritona me gobierna y hace que mis movimientos sean torpes y lentos.

Salimos a una explanada dividida por dunas de nieve, de lo que deducimos que se trata del Balcón de Pineta. Pero no vemos nada a nuestro alrededor y no sabemos que dirección tomar.

 

Son ya las 17:00 y sabemos que tenemos que tomar dirección Norte, pero sin una referencia estamos perdidos.

 

Sigo a JJ al ver que se dirige decido hacia un resalte rocoso que está a nuestra izquierda. Para pasarlo hay que hacer una travesía por una vertical placa de roca helada que se descascarilla con sólo tocarla.

JJ pasa poniendo en practica su experiencia en hielo, yo peno de mala manera y salgo torpemente pegándome dos resbalones que me los ponen de corbata.

Gracias a eso, mi temperatura sube y ahora estoy un poco mejor.

 

Cuando llego hasta donde está JJ, veo que está mirando el mapa y girando sobre si mismo para orientarse, está claro que tiene alguna referencia. Es Monte Perdido que lo tenemos de frente.

 

“Ahora hay  que seguir hacia el Norte y encontraremos el refugio de Tucarroya”

 

Esto nos anima y nos da esperanzas.

 

La niebla y la ventisca nos vuelve a dejar sin referencia y JJ se para a revisar la dirección a tomar, yo me paro exhausto a pocos metros de él. De repente le veo girar hacia la izquierda y le pregunto sorprendido.

-.¿Por qué cambiamos de dirección?

JJ me mira extrañado

-.No cambiamos de dirección seguimos igual. ¿Te encuentras bien?

 

Es evidente que estoy desorientado y el hielo que se esta formando en mis gafas no me ayuda en absoluto, ya que me impide ver bien.

A los pocos minutos sólo veo la mancha oscura que tengo delante que sé que es JJ, debido a que los cristales de las gafas tienen ya una capa de hielo.

Decido quitármelas pero en seguida recuerdo, que si mis ojos están expuestos durante mucho tiempo al frío podría darme la “ceguera de las nieves” y eso si que sería un grave problema.

 

La desagradable sensación de no saber si delante tienes una cuesta, un llano o un cortado se hace latente e impide que avancemos con seguridad.

 

Caminamos durante algo más de una hora, parando de vez en cuando a ver la brújula.

JJ me pregunta como estoy y sólo le contesto con monosílabos. Me he encerrado en mi mismo y sólo pienso en que no vamos a salir de esta. Hace demasiado frío, llevamos muchas horas sin beber y demasiadas de actividad. Pero no quiero decírselo. Doy por hecho que él también lo piensa, pero no lo demuestra.

 

Mis dedos de las manos se están endureciendo y no noto el piolet derecho, no sé si lo tengo cogido o no. Miro y veo que  cuelga de la dragonera, no lo tengo agarrado. Lo vuelvo a coger y aprieto con fuerza, varias veces hasta que noto algo de dolor en mi mano. Creo que he roto el guante.

 

“No quiero perder los dedos, no tengo que dejar de moverlos, no tengo que dejar de mover los dedos”

 

Volvemos a parar.

-.¿Qué hora es Javi? Pregunto a gritos.

-.Son las 18:30 - Me contesta - aun nos quedan dos horas de luz, tranquilo, que lo vamos a encontrar.

 

De repente un golpe de viento, hace que veamos hacia donde nos dirigimos, es.... ¿Monte Perdido?

 

-.¡No puede ser!-Grita JJ

-.¿Que pasa?

-.¡Estamos dando vueltas Vlady! ¡Llevamos horas dando vueltas en circulo!

 

Por alguna razón nos habíamos equivocado en algún sitio y ahora estábamos de nuevo donde el principio.

 

Veo que JJ se esta desmoralizando y eso no lo puedo permitir. Tengo pocas esperanzas de encontrarlo pero le aseguro que estamos cerca y que ahora no podemos desistir.

Casi obligándole, consigo que me siga hasta un montón de rocas que sobresalen a nuestra derecha.

-.Allí estaremos más refugiados del viento - Mentira, pero es un objetivo y eso es lo que necesitamos para continuar moviéndonos y evitar que el principio de hipotermia que sufrimos se agrave.

Esta vez voy yo delante y eso me obliga a quitarme las gafas para evitar caer por algún cortado, grieta, etc.

El viento y el frío hacen que rápidamente mis pestañas comiencen a cubrirse de escarcha.

 

“Estamos jodi..., Estamos jodi... de esta no salimos”

 

En pocos minutos alcanzamos las rocas. Estas son muy bajas y no nos sirven de protección alguna. Decido superarlas para ver si hay algo más alto tras ellas. Justo en ese momento el aire cambia de dirección, haciendo que se vea a cierta distancia y vislumbro a unos 100 metros, una extraña construcción con forma de copa, en lo alto de una pequeña colina.

No era nada creado por la naturaleza y se lo hago saber a JJ para que coja referencia con la brújula rápidamente, antes de que la niebla se cierre y lo perdamos de vista.

 

La ilusión vuelve a nuestros cansado, fríos y deshidratados cuerpos, haciendo que avancemos decididos hacia esa extraña estructura.

 

-.¡Seguramente sean la ruinas de Iberdrola, o parte de ellas! - Me dice confiado JJ - ¡y detrás estará el lago y al otro lado...el refugio de Tucarroya!

 

Bajo mi máscara sonrío, aunque JJ no lo ve.

Caminamos raudos hacia el nuevo objetivo con un solo pensamiento en la cabeza. ¡Calor, quiero calor!

 

“Voy a llegar a lo alto de la colina y al otro lado veré el lago, Dios, por favor, voy a ver el lago, un lago, azul, enorme...”

 

JJ, llega bastante antes al destacado objeto y me advierte de que estamos salvados, ya que la brecha que tenemos delante es la brecha de Deux Bornes y más a la derecha encontraríamos el refugio. Más tarde sabríamos que esa brecha era la que buscábamos, esa brecha era la del refugio.

 

Eran las 19:40 y quedaba apenas una hora de luz, pero eso ya no importaba, en breve estaríamos en el refugio y eso nos reconfortaba.

De nuevo JJ se adelanta en el camino y le pierdo de vista durante algunos minutos. No me asusto, ya que en cuanto pase esa pequeña duna volveré a verle.

Lo que no sabía es cómo le vería.

Estaba sentado en la ventisca mirando hacia delante con la mirada perdida en la inmensidad blanca. No sabía si por que estaba descansando, esperándome o quizá disfrutando de la visión del refugio...

Tristemente no era ninguna de las tres cosas, era que habíamos llegado de nuevo al límite del Balcón de Pineta y no había refugio.

Sin más dilación le animo a levantarse para que salgamos de la fuerte ventisca que azota esa zona y buscar hacia atrás, de nuevo.

Volvemos sobre nuestros pasos. Mientras caminamos decidimos dar por finalizada la búsqueda del refugio y buscar el mejor sitio para cavar una cueva antes de que la noche nos dejara ciegos.

 

“Parece que cavamos nuestra propia tumba”

 

2800 metros de altitud, o al menos eso era lo que marcaba el altímetro. En una ladera orientada al Oeste comenzamos a ahondar en la nieve con los piolos, sacando la nieve con el casco de JJ.

Eran aproximadamente las 20:30 cuando comenzamos y terminamos a eso de las 23:00 más o menos. El problema que tenemos ahora es que cuando terminamos, nos dimos cuenta que si no lo tapábamos con algo moriríamos de frío y tapados por la nieve que caía incesante.

De nuevo, el plástico, que me ha acompañado en otras salidas como la del Peñotillo nos salvó.

Clavamos los piolos y los crampones sujetando el plástico por la parte exterior y por encima de la cueva. Posteriormente, sacamos todo lo de la mochila y lo metimos dentro de la cueva, luego pusimos las mochilas y nos sentamos sobre ellas. Ya dentro, pusimos un piolet en la parte exterior de la cueva y luego sujetamos, ya desde el interior con los bastones, los extremos del plástico para poder salir en caso de necesidad.

 

Ya dentro, tiritamos como posesos, la hipotermia se adueña de nosotros y nos entra mucho sueño. Tenemos que comer y beber algo.

Obligo a JJ a que saque las bolsitas de Té y el hornillo, lo cual lleva en su mochila, yo saco el gas y el mechero, hacemos sitio como podemos y monto el tinglado.

Froto el mechero, pero no enciende. Le pido a JJ que saque el otro que hemos traído, no lo encuentra.

Deducimos que debe ser por que no hay suficiente oxigeno en el interior, y prueba de ello era el vaho que se ha formado en poco tiempo, por el vapor que desprenden nuestros cuerpos.

Decidimos abrir un poco para que entre aire y así poder encender el mechero.

El plástico gotea incesante por la condensación y sin yo verlo, cae agua en el interior de los agujeros del hornillo, dejándolo inutilizado.

Encendemos el mechero, pero el hornillo se niega a mantenerse encendido y el gas nos entra por la nariz como veneno.

Desistimos y guardamos el hornillo, para sacar la comida fria que hemos traído.

 

“¿Te has dado cuenta? hoy es La Última Cena”

 

JJ abre una lata de ensalada y yo un sobre, también de ensalada, pero la mía es mexicana y sólo puedo darle un par de tientos. Es muy picante y sin agua, se convierte en algo imposible de tragar.

Con el estomago contraído decidimos no desvestirnos, por si acaso teníamos que salir rápido a fuera por un alud, a mear, etc.

Sacamos pues las fundas vivac y nos metemos dentro sin quitarnos nada. Luego sacamos los plumas y los cambiamos por las chupas.

En poco tiempo vemos como el plástico se abomba debido al peso de la nieve que se acumula encima, obligándonos a estar toda las noche empujandola para evitar que nos tape por completo.

 

Son las 2:30 de la mañana y “sólo” nos quedan seis horas de espera para que amanezca.

 

“Yo no salgo hasta que dé el sol”

 

Ha sido una noche terrible, las tiritonas no nos dejaron pegar ojo y los pies los tenemos insensibles debido a las botas húmedas y a que dentro del vivac no superamos lo 6º bajo cero, pero a fuera, la cosa habría sido mucho peor ya que, a ojo, podría rondar entre los –10ºC y los –15ºC, con lo que seguramente no habríamos sobrevivido. El plástico nos salvó la vida, nuestra Sábana Santa, nuestro Sindone.

 
   
 
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